Capítulo – Una espina en el corazón
La sala de visitas de la cárcel olía a desinfectante y a decepciones. Fabricio Castiglioni entró con paso seguro, vestido con el uniforme gris, el cuello estirado y la carpeta bajo el brazo. Fingía tranquilidad, pero sus ojos estaban más oscuros que nunca.
En la mesa del fondo, María, su madre, lo esperaba con una carpeta celeste y una sonrisa nerviosa.
—Hola, hijo.
—Hola, mamá —dijo él, sentándose como si tuviera cosas más importantes que hacer.
Ella dejó la