Sus labios todavía estaban mojados cuando se apartó, pecho subiendo y bajando, el sabor de él persistiendo en su lengua. Intentó recuperar el aliento, intentó recomponerse, pero Elijah no había terminado.
Ni mucho menos.
Antes de que pudiera hablar, su mano agarró su barbilla, obligándola a levantar la vista para encontrarse con sus ojos. Su mirada era oscura, ardiente, llena de hambre. “¿Crees que me conformo con eso?” gruñó, bajo y áspero. “Quiero más. Te quiero toda a ti.”
Su boca se abrió,