~Ava
Después del entrenamiento, salí furioso de la cancha, cabreado como el infierno. El sudor todavía me corría por la cara, pero no era por jugar, era por estar sentado en el maldito banco todo el tiempo.
Ni siquiera tuve la oportunidad de pisar la cancha, ni siquiera en los últimos cinco minutos.
El baloncesto se suponía que era mi futuro, pero en este momento se sentía como si se me estuviera escapando de las manos.
Mi tío no paraba de meterme en la cabeza que quería que fuera médico. Ese e