A la mañana siguiente, me desperté más temprano de lo habitual, esperando escuchar voces o movimiento en la casa. Pero el silencio me lo dijo todo, mis padres aún no habían regresado.
Me arrastré fuera de la cama, con la curiosidad carcomiéndome, y decidí buscar a la dama que afirmaba ser la amiga de la hija de mi mamá.
La encontré en la sala de estar.
Estaba descalza, con un trapeador en la mano, y los auriculares puestos mientras se movía al ritmo de cualquier canción que estuviera sonando.
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