*CAPÍTULO 12*

**Amaral Watson**

El día de la fiesta llegó, ya voy de camino a casa de mis padres que es donde se llevará la celebración, ayer hable con Fernanda y le dije que estaba bien, que hoy le contaría lo que pasó en realidad, llame a mis padres igual porque no lo había hecho en dos días, Federico me dijo que les hablara y les dijera que todo estaba bien, que me había ausentado porque me sentía mal y quería descansar, pero que no se preocuparan que yo vendría igual a su fiesta de aniversario.

Hoy tocó vestir con un vestido largo sin abertura para que nadie note los moretones en mis piernas que dejó su cinturón, puedo asegurarles que esta será la última vez que él me pone una mano encima, y la próxima que ocurra será para soportar un poco más y poder acabarlo. Estoy llena de odio y rencor, no veo la hora en que pueda verlo hundido en una cárcel como un maldito animal.

Amanda al verme llegar corre hasta donde mi y me abraza, me quejo un poco por el dolor que posee mi cuerpo, pasar dos días durmiendo en el suelo frio es horrible.

—¿Dónde estabas?  — le sonrío con ganas de llorar.

—Ahora no Amanda — Federico llega junto a nosotros.

—Cuñada de mi corazón — mi hermana está vez no puede evitar mirarlo con odio — ¿Estás molesta conmigo? — ella se marcha —¿Por qué me vio de esa forma? ¿Acaso sabe algo Amaral? — me tenso. Debo que decirle a mí hermana que tenga más cuidado al mirarlo.

—No, desde que se dejó de su novio ha estado así con los hombres, digamos que siente odio por todos, es una niña Federico, y por ahora mirará a los hombres con resentimiento — mira la multitud.

—Bueno, nadie la manda a ser tan tonta y creer en el amor para siempre — cierro mis ojos, si pudiera volarle la cara lo haría.

—Lo mismo dije — le doy la razón.

—Al fin concordamos en algo — posa un beso en mis labios — Sonríe mi amor, es el aniversario de mis suegros queridos, iré a felicitarlos — se marcha de mi lado. Rápidamente voy en busca de mi hermana.

—¿Qué sucedió? — Vuelve a preguntar — Estás más delgada, aunque te maquilles se nota lo desgastada que estás ¿Qué te hizo? — ella no puede evitar soltar las lágrimas, yo debo ser más fuerte y retenerlas por ella.

—No es momento para hablar de eso, por favor Amanda, puedo decirte que ahora más que nunca estoy decida a acabar con él, Federico me pagará todo el daño causado cariño — sujeto su rostro.

—Estuvimos muy preocupados por ti — me siento tan mal de preocuparlos a todos.

—Lo siento tanto, no quise preocuparte a ti ni a nuestros padres, es algo que se me escapa de las manos — acaricia mi mejilla.

—Bruno también estaba preocupado — eso me sorprende.    

—¿Bruno? — miro a los lados.

—Quería contactarse contigo, pero no apareciste y me llamo para saber de ti, estaba muy preocupado Amaral — no sé porque razón debería de preocuparse por mí.

—Tengo mucho que explicarte, te prometo que lo haré, ahora disimulemos un poco, no quiero que él ni nuestros padres lo noten — toma mi mano.

—¿Cuando les dirás la verdad? — cierro mis ojos.

—Hablare con ellos el lunes, ya no puedo más con esto, ellos merecen saber — asiente de acuerdo conmigo.

—Bien, vayamos con nuestros padres — caminamos hasta donde están ellos, al llegar Federico sigue presente, mi padres hablan con él sin idea de todo lo que me hace, en cuanto sepan querrán matarlo.

—Amada mía, por fin apareces — saludo con un fuerte abrazo a mis padres ignorándolo a él.

—Hija, pensamos que no ibas a venir, ya íbamos a buscarte — dice mi padre Armando Watson.

—Siento mucho mi tardanza ¿No pensaron que iba a perderme este día tan importante para ustedes verdad? — mi madre no deja de observarme.

—Te noto delgada, y cansada — era evidente que esos des días encerradas me dejarán huellas.

—Ha estado enferma, no quiere comer ¿Pueden creerlo? Le pedí que viniera aquí con ustedes ya que se que estará mejor cuidada, pero se rehusó y prefirió alejarse de todos encerrada en la habitación — infeliz, miente tan bien que mis padres se tragan sus mentiras.

—¿Qué tenias? — pregunta mi papá.

—Creemos que es embarazo — dice sonriendo.

—¿De verdad? — pregunta mi madre con felicidad, me ha puesto en una situación difícil.

—Eh… bueno… aun no sabemos, el lunes es que iré a hacerme la prueba de embarazo, como dijo Federico no he querido salir de casa, he estado muy cansada y desanimada — mi madre junta sus manos en forma de oración.

—Seguro es embarazo, así me sentía yo contigo, espero sea eso mi amor, ya muero por ser abuela — me siento sin ánimos, mi padre se da cuenta, pero no dice nada.

—Si, creo que todos esperamos lo mismo — Digo, luego Amanda interrumpe todo.

—Vamos por una copa y en familia…— enfatiza la palabra familia — Hacemos un brindis — Federico se da cuenta que ella no lo quiere presenté y me observa.

—Se tomó muy apecho lo de su ex, recuérdale que yo también formo parte de esta familia cariño — dice con mucho disimulo.

—Te acompaño por las copas — me ofrezco y nos apartamos de todos.

—Te juro que lo intento Amaral, pero es que no lo soporto — llegamos a la cocina.

—Amanda debes de disimular un poco, se está dando cuenta de tu cambio con él — alza sus manos.

—¿Y que quieres que hagas? No puedo evitarlo, me conoces, llego a un punto donde simplemente no puedo más con esta falsa — voy por una copa y la bebo sin pensar en nada, tomo otra y hago lo mismo.

—Si se da cuenta que sabes todo será peor — buscará la forma de querer callarla, y quizás sea como esa persona que me escuchó en la fiesta.

—Lo siento hermana, lo intentaré — bebo otra copa.

—Si sigues tomando de esa forma saldrás de esta cocina borracha — me giro de inmediato cuando escucho aquella voz varonil difícil de olvidar.

—¿Tú? — miro a mi hermana.

—Lo invite a la fiesta, como te dije estaba preocupado por ti — está vestido de mesonero.

—¿Dónde estabas? — todos quieren saber eso en el lugar y momento menos indicado.

—Les diré todo pero no hoy, es la fiesta de mis…

—No me iré sin saber dónde andabas ¿Qué sucedió contigo? — exige respuesta.

—Deberían hablar a solas, vayan a mi habitación, o a un lugar donde Federico no los vea, yo me ocupare de entretenerlo — mi hermana sale de la cocina.

—Sígueme, salgamos por la parte de atrás, hay una pequeña casa allí, es para cuando tenemos invitados de sobra — me sigue. Nos apresuramos en llegar a la casa y entrar sin ser visto por nadie. Hablare rápido porque no puede perderme por mucho tiempo, si lo hago saldrá a buscarme y se enojará,

—¿Qué te hizo? — camino en círculos.

—No tenemos mucho tiempo, en cuanto noté que no aparezco saldrá a buscarme — se me acerca.

—Entonces habla ya, porque no saldré de aquí sin saber qué pasó contigo — respiro agitada.

—Me encerró en una habitación por dos días, sin comida, solo agua y eso para no estar tan deplorable el día de hoy — empuña sus manos.

—¿Para no estar tan deplorable? ¿Te has mirado en un espejo? — Bajo la mirada — Ni con el maquillaje perfecto ocultaras ese rostro demacrado, tu delgadez y tú tristeza — acaricia mi mejilla.

—Lo se — mis lágrimas salen y él me abraza, no comprendo porque lo hace, pero eso me da apoyo.

—Moveré cielo y tierra para dejarte libre, no estoy de acuerdo con lo que está haciendo contigo — nos separamos.

—Quiero hacerlo sufrir ¿Crees que podamos jugar antes con él? — no aparta su mirada de la mía.

—Con información suficiente podremos hacerlo sufrir, pero no por mucho tiempo, podría darse cuenta — asiento, quiero mirar cómo se vuelve loco aunque sea por unos días.

—Esta bien — me acorrala contra la pared.

—No se como ese sujeto puede tratarte como te trata cuando eres tan hermosa por fuera y por dentro — Mis manos se posan en su pecho para mantenerlo distanciado.

—Debemos irnos — pido.

—Sí, lo sé — sin querer con su pierna me roza causando que chille debido a que me tocó en uno de los moretones —¿Qué sucede? — Niego — ¿Te pego verdad?— asiento — Déjame mirar — me rehúso.

—Señor Bergmann, si no vuelvo pronto a la fiesta me veré metida en problemas — me detiene pegándome a la pared otra vez, poco a poco comienza a bajar — Con todo el respeto de mundo mirare señorita — luego sin dejar de mirarme sube mi vestido, desvío la mirada cuando él se centra en mis piernas, me da tanta vergüenza que alguien a quien apenas conozco me vea en estas condiciones.

—Ese Cobarde — dice.

—Ya deje de mirar — me muevo incómoda, él se pone de pies y empuña sus manos — Lo mandare a la cárcel — sujeta mi rostro.

—Ya debemos irnos — golpea la pared.

—Es… es un cobarde — temo que exprese con voz muy alta y alguien nos escuche.

—Lo se, pero más cobarde soy yo que nunca me di a respetar — bajo la mirada.

—Ninguna mujer Amaral… merece ser maltratada de esta forma ni de otra — es algo que siempre supe — ¿Es cierto que sabe que me contrataste para investigarlo? — niego rápido.

—Creí que era eso, pero su enojo fue porque en la fiesta le hice un comentario con referente a los golpes y alguien escuchó, me dijo que lo mató para callarlo — abre sus ojos.

—¿Lo mató? ¿Tienes idea de quién era? Eso nos puede servir — ojalá pudiera tener las respuestas a todo.

—No, no dijo más nada — maldice.

—Bien, yo me encargaré de eso — se vuelve a centrar en mi — Todo en la vida tiene un final señorita — es lo que tanto deseo, que ya llegue ese final y poder librarme de él.

—Parece muy eterno— acaricia mi rostro, me siento incomoda.

—Lo lograremos, trabajando en equipo podremos detenerlo, no estás sola — eso me conmueve, y la vez me parece extraño que ese hombre este tan interesado en ayudarme.

—¿Por qué está tan afanado en ayudarme?  — baja la mirada.

—Porque es algo que así me nace, y que no me parece justo que alguien tan humano y hermoso como usted tenga que pasar por eso, aunque ninguna dama debería — mis ojos se cristalizan.

—Creo que no me equivoque cuando decidí ir a su oficina — es la primera vez en mucho tiempo que un hombre muestra tanto interés en mí, él lo ha hecho desde el momento en que me conoció.

—Llegó al lugar más indicado señorita, vera que no se arrepentirá — Sus dedos recorren mi mejilla para limpiar las lágrimas — No debe llorar, tiene que ser fuerte, así es la única manera que logrará vencerlo, mi único consejo es que salga de esa casa, déjelo.

—Tiene razón, tengo que dejarlo — se distancia más — Ya es momento de marcharnos, hemos hablado mucho y podría venir a buscarme, si me ve con usted creerá lo que no es — mira por la ventana.

—Si ¿Cuándo la vería?— estoy muy inquieta.

—No lo sé, por el momento pienso que es mejor que mi hermana sea quien lo contacte y le de mis recados, es por el bien de todos, al menos mientras viva a su lado — apago mi rostro.

—No tengo problemas en que así sea, me parece muy bien, si es para evitarte problemas perfectos— Me comprende perfectamente.

—Gracias, gracias por todo — siento que he tardado demasiado.

—Ahora si es momento de marcharme — tengo un mal presentimiento.

—Sí, yo saldré primero — Me centro en la puerta.

 —Lo detendremos, no estás sola, ahora me tienes a mi y mis amigos listos para cazar al cobarde ese, no le muestres miedo, si debes abandonar la casa hazlo, hazlo sin pensar, habla con tus padres, diles la verdad, mientras más personas estén de tu lado más fácil será detenerlo, ya asesinó a un hombre, no sabemos si es la primera vez o más de una vez, pero lo cierto es que lo volverá hacer, y lo que me preocupa es que seas tú la próxima, llegará un punto donde se cansará por completo y terminará contigo— sus palabras me dejan sin habla — Sé que no nos conocemos mucho, y apenas llevamos días cruzando palabras, pero no hace falta conocernos un siglo para preocuparnos por esa persona, señorita… debe abandonarlo y estar a salvo — contengo mis lágrimas.

—Bien, no será ahorita, tengo que ser cautelosa — me sonríe.

— Ten cuidado, evita darle razón para herirte — es extraño mirar como alguien recién llegado a mi vida me este ayudando.

—Lo tendré, ahora salga de aquí — caminamos hasta la puerta, cuando voy a abrir los golpes fuertes en ella comienzan a sonar.

—¡Amaral! — me congelo, lo que tanto temía está pasando, Federico está afuera.

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