—*ALISON*—
Mañana es Navidad, y la ciudad está viva.
Los árboles de Navidad parpadean en cada ventana. Luces se extienden desde los tejados y se enroscan alrededor de las farolas —rojas, verdes y doradas— derramando su brillo sobre las calles cubiertas de nieve.
En algún lugar cercano, suenan cascabeles, tal vez de un altavoz, o tal vez de un trineo real para un evento de la iglesia —no estoy segura.
La nieve yace espesa y fresca en algunos lugares, intacta, mientras que en otros está pisoteada