Jace no dijo nada más. En cambio, agarró a Kayla, la atrajo contra él y estrelló sus labios contra los de ella. El beso no fue suave, fue crudo, fuerte y lleno de necesidad.
Él movió su mano lentamente, agarrándola por la cintura antes de deslizarla hacia abajo para ahuecar su culo. Sin romper el beso, la empujó hacia atrás en dirección a la cama. Cuando la parte de atrás de sus rodillas golpeó el borde, la empujó hacia abajo hasta que quedó tendida.
Kayla jadeó, sin aliento, mientras su espald