No era la manera en que pensaba conocerla. Me ladeé un poco, arqueando la pierna para desarmar el arma de su mano.
Pero ella fue rápida para esquivar mi patada; en cambio, me estampó con fuerza contra la pared frente a mí, apretando los dientes mientras hablaba.
—No dudaría en apretar este gatillo…
Me giró, agarrando mi cuello con la otra mano libre. Nuestros ojos se encontraron y ella se congeló.
—¿Alexandro? —las palabras se escaparon de sus labios.
Fruncí las cejas al mirarla a los ojos. —Aq