Hace una semana, recibí una nota en mi escritorio de la sala. Al principio, me pregunté quién habría entrado en mi casa para dejar ese mensaje.
Cuando la abrí, decía:
—Me dejas sin aliento, y me maravilla cada contorno de tu cuerpo.
Se me erizó la piel, el corazón me latía con fuerza. Alguien me observaba incluso mientras me desvestía, comía y hacía cualquier otra cosa en la casa. Debido a la distancia que recorría desde la escuela primaria Grace hasta donde vivía antes, decidí aceptar la suger