Cuando lo conocí, era guapísimo. Y la forma en que coqueteaba conmigo, mientras me tocaba la mano, me hizo dudar de si estaba bien.
Sentí un nudo en el estómago, una dulce sensación me invadió.
¿Cómo había dicho que se llamaba? No lo recordaba.
Me estaba fallando a mí misma al olvidar mis principios.
Solo me había rescatado de un bulldog.
Pero ahí estaba, en mi habitación, desnudándose hasta quedarse solo con los calzoncillos.
—Nunca imaginé que llegaría este día, Ria— confesó mientras sus dedo