Vacaciones sucias con el hermanastro.
Zoe
El ritmo en la habitación había pasado de ser una exploración vacilante a un calor brutal y devorador. Zeth ya no se contenía. Cada embestida era una declaración de posesión, y su peso pesado me aplastaba contra el colchón mientras reclamaba cada centímetro de mí. Podía oír el torrente de sangre en mis oídos.
—Zeth... oh Dios, Zeth... es demasiado... mmm-nnn-gh... ¡estás muy profundo! —grité, con los dedos clavados en los músculos de su espalda, dejando marcas rojas de mis uñas.
No dism