Los pies me estaban matando hasta el alma.
Me quité los tacones en el segundo en que pisé la casa, gimiendo mientras mis dedos doloridos tocaban por fin el suelo de mármol fresco. Había pasado el día entero corriendo de un lado a otro, intentando recomprar acciones antes de que Victor Lang y su gente destruyeran todo lo que había construido con mi esposo.
Estaba agotada pero feliz de estar por fin en casa y de que iba a ver a mi esposo porque se había ido temprano del trabajo.
—¿Cariño? —ll