La casa se sentía fría, incluso con la calefacción encendida. Steve estaba sentado en la sala, con la mirada clavada en la puerta principal. Era casi medianoche. Esta era la tercera vez en la semana.
Cuando el picaporte finalmente giró, Elena entró tambaleándose. El olor a ginebra barata inundó el aire antes de que ella siquiera hablara. Su esposa era una borracha, una alcohólica. Y no, no era por depresión ni nada parecido; era simplemente un vicio.
—Llegas tarde otra vez —dijo Steve, con voz