El último piso del rascacielos estaba en silencio, a excepción del suave zumbido del aire acondicionado. Victoria estaba sentada tras su enorme escritorio. Era la CEO, la alfa de la manada, y normalmente tenía hielo en las venas. Pero esta noche, ardía.
Un calor irradiaba desde lo más profundo de su ser, un latido punzante en su coño que hacía imposible concentrarse en las hojas de cálculo. Tenía la falda subida hasta las caderas. Sus piernas estaban muy abiertas bajo el escritorio. Sus dedos