Me quedé allí tendida, congelada bajo el peso pesado del señor Harrison, con la cara ardiendo de pura vergüenza. Esperaba que se quitara de encima de mí de inmediato. Pensé que se subiría los pantalones e intentaría explicarse ante su hijo. Julian era un abogado respetable.
Pero el guion cambió por completo.
Julian no parecía enfadado ni disgustado. Después del impacto inicial, sus ojos se oscurecieron mientras miraban fijamente el punto donde su padre estaba enterrado en lo profundo de mis