Julian mantuvo la cabeza enterrada entre mis muslos. Su lengua era cálida, húmeda e increíblemente fuerte. No se apresuró. Movía la lengua de arriba abajo, lamiendo mi clítoris inflamado en una línea lenta y pesada.
—¡Augh! ¡Oh Dios… mmm-nnn-gh… Julian… ahhh!
Mi voz cortaba el silencio de la habitación. No podía evitar que mis caderas se levantaran del colchón. Cada vez que su lengua giraba alrededor de mi punto sensible, una descarga aguda de calor me subía por la espina dorsal. Me sujetab