My inocencia no se perdió — fue vendida, estampada y sellada con treinta mil millones de dólares.
A los veinte años ya me ahogaba en deudas y malas decisiones. Cada golpe en la puerta se sentía como una cuenta regresiva, cada mensaje del banco una amenaza. Entonces llegó él: un hombre de ojos calmados, voz medida y una oferta que sonaba como salvación.
Dijo que necesitaba una criada.
Excepto… no era solo él. Eran ellos.
Un círculo elitista de multimillonarios: poderosos, intocables, peligrosos.