Me desperté con la luz del sol cortando a través de las persianas entreabiertas y el peso pesado y posesivo del brazo de Caleb rodeando mi cintura. Su pecho estaba pegado a mi espalda, un grueso muslo encajado entre los míos, su erección matutina ya caliente e insistente contra la curva de mi culo. Los dos seguíamos desnudos de la noche anterior: sábanas enredadas, la habitación oliendo a sexo, sudor y su colonia de cedro mezclada con mi loción de coco.
Mi cuerpo dolía de la mejor manera: moret