Layne
—¡Habla! ¡De una vez! —grito desesperado, con las manos llenas de sangre, el hombre que estaba arrodillado a mis pies casi ya ni podía abrir los ojos y no era el primero.
—¡Vamos! ¿O quieres morir por tu rey? Te aseguro que él no va a agradecértelo, es un viejo sinvergüenza que solo piensa en sí mismo— le decía yo y escuchaba al otro lado como Luther le caía golpes a otro. Yo le doy otro puñetazo al hombre de Sarassea.
—Si eran bastante habladores y valientes, con dos mujeres atadas,