Azaleia
Sabía que había sido muy imprudente y que de ninguna forma tenía que andar en un territorio desconocido, sin protección ni sin avisar a nadie. Pero podía escuchar el grito y aullido de mis animales, de una forma tan desesperada que me carcomía el corazón.
Y finalmente había tenido razón, ellos estaban atrapados, mis pobres pequeños que nunca habían estado así en su vida. Lupo protegía a sus hijos, y yo los había visto llorar.
Hasta que había llegado mi prima y el señor Rise, y luego d