Naiara
En el dorso de mi mano todavía podía sentir los labios cálidos de Layne, y junté mis manos al frente mientras caminaba, deseando que ese beso no desapareciera. Era como si ese pequeño tacto me diera la fuerza que necesitaba. Por el pasillo, a los costados, estaba lleno de señores y señoras, todos desconocidos para mí.
De los techos colgaban banderines con símbolos como triángulos que hacían parecer montañas, todo en color blanco y marrón como era el paisaje de Bhaltar. Habían pequeños de