Era casi medianoche, no creía que pudiera encontrarlo; pero allí estaba, sentado en el muelle, en el mismo lugar que lo había visto la noche anterior.
— Buenas noches — Saludó Freire.
— Para alguien será, para mí, desde luego que no — el anciano se llevó una petaca a la boca.
— Escuché que hubo un accidente en el río esta tarde — era un buen hombre.
— Más que un accidente, lo que hubo fue una ejecución — escupió en el suelo —, tardaré lo que me queda de vida en quitarme esa horrible imagen de mi