Estaba sentado frente al escritorio, sobre él estaba el ordenador de Sandra y el móvil de Vanesa, desbloqueados y listos para ser profanados.
Lo primero, los mensajes. Como dos buenas amigas, compañeras y amantes, no había secretos entre ellas. Hablaban sobre la vida en el instituto, de algún profesor que tenía unas tácticas muy bruscas y otro que hablaba para un público inexistente. Sin duda, su profe favorita era la de mates, decían que explicaba de forma que todos la entendían, incluso ellas.