James se sentó en el bordillo de la bañera, saboreándose con la simple imagen de Sean tan cerca de él, lo agarró de las caderas y lo acercó a su rostro. Sean no pudo evitar reír, cuando sintió a James acariciando sus nalgas con su rostro de una forma tan tierna.
-James, ¿qué haces? -preguntó Sean sin poder tener visión de él, sólo sentir su tacto.
Pero James no le respondió, le abrió las nalgas haciéndolo soltar un gemido, para luego hundir su cara, aquello le causó tanta gracia a Sean, que sin