Veintidós.3

―Hablé con mi padre y tendré que irme ―la voz de mi acompañante rompe mi mirada con Tristán―. Es imposible decirle que no a mi padre, pero mi habitación es tuya. Si quieres encerrarte ahí, nadie te culpará.

Acerca sus labios a los míos y me da un casto beso, su mano en mi antebrazo provoca un cosquilleo que recorre mi cuerpo entero, tengo que contenerme para evitar lanzarme de lleno hacia él. Rápidamente se separa de mí mis labios siguen los suyos y me doy cuenta demasiado tarde, ya cuando hice
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