Más tarde no puedo evitar pensar en la chica golpeada, no la volví a ver después de la comida y eso que la estuve buscando. No vi bien su rostro, porque me centré únicamente en sus ojos, ese brillo asustado. Y entonces el dolor cae sobre mí como un balde de agua fría.
Los músculos de mi cuerpo se tensan tan fuerte que duele, mi pecho se oprime con fuerza y me impide respirar. Cada latido del corazón punza y envía una oleada de fuego por todo mi cuerpo. Me duele, me arde, me estoy muriendo. Y es