KAEL
Los días siguientes transcurrieron como un sueño demasiado bonito para ser verdad.
Evelyn se transformó en la persona perfecta: cariñosa, atenta y aparentemente dedicada por completo a mí. Ya no había tonos ásperos ni secretos sospechosos.
Pero quizá fue precisamente porque era demasiado perfecta por lo que empecé a sentirme incómodo.
Esa tarde, cuando llegué a casa del trabajo, encontré a Evelyn sentada en la terraza, contemplando el jardín con expresión tranquila. Llevaba el cabello suel