VIOLA
Me giré rápidamente, casi sobresaltada por la voz de John, que apareció tan de repente detrás de mí.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —pregunté con voz ronca, llena de ira que me costaba contener.
—Acabo de llegar, señor. Vi que la puerta principal estaba entreabierta, así que entré —respondió John con cautela—. Pensé que... había pasado algo.
No respondí. Solo me quedé mirando los zapatos en el piso: negros, brillantes, claramente no eran míos. Eran demasiado grandes.
—Averígualo —dije f