"Estaré de vuelta antes de que cambie la marea el martes, Clara, así que no intentes levantar esas vigas de roble pesadas tú sola," dijo Julian, su voz bulliciosa y llena de la confianza despreocupada que Elías había llegado a detestar.
Estaban de pie en el muelle desgastado, con el olor a diésel y algas podridas espeso en el aire. La Sea Nymph, el oxidado pero robusto barco pesquero de Julian, gemía contra sus amarras mientras la neblina matutina entraba como un espeso sudario gris.
Clara rió,