"El camino está inundado cerca del arroyo, Eli. No vas a ningún lado esta noche a menos que tengas un bote o ganas de morir," la voz de Martha crepitó a través del teléfono fijo en la pequeña cocina de la galería. Clara sostenía el auricular contra su oreja, con los ojos muy abiertos mientras observaba la pared de agua azotando las ventanas delanteras.
La costa de Oregón no era ajena a la lluvia, pero esto era una furia estacional — un vendaval que convertía el cielo en una lámina violácea y am