Capitulo Tres

El infierno no tiene el azul de sus ojos, pero es tan ardiente como el deseo que despierta su sonrisa en mí.

Alondra

El corazón me late a toda prisa a pesar de que cada vez estoy más lejos de ese extraño sujeto, observo por el espejo retrovisor tratando de identificarlo en cualquiera de los autos que vienen detrás de mí, pero no logro ver nada realmente. Es absurdo que me esté siguiendo, no le di tiempo a que detallara nada de mi auto o eso, espero, fue muy grosero de su parte haber interrumpido así mi ida al cementerio, espero no tener que cruzármelo nunca más en mi vida, sacudo la cabeza espantando los pensamientos sobre el desagradable encuentro de hace un momento.

No sé qué es peor, si dejar de pensar en lo que acaba de suceder o volver al torbellino de emociones que significa el aniversario de muerte de mi bebe, hace dos días habría cumplido once años, pero Dios decidió que lo mejor era hacer mi angelito volviera a su lado, quizás mi vida en este momento sería diferente teniendo una criatura que proteger a cuestas, quizás no hubiese continuado con mis estudios resignándome al mismo destino de mi madre, vivir con muchos sacrificios para poder salir adelante. Gracias a todo su esfuerzo soy una mujer que hoy en día no le teme al mundo y que es capaz de dar mucho más de su máximo para conseguir todo lo que se proponga.

Tardo hora y media en llegar a mi trabajo, soy la CEO de una gran compañía que se desarrolla dentro del campo tecnológico, producimos principalmente hardware, Internet, equipos de telecomunicaciones, software, semiconductores, comercio electrónico y servicios informáticos, en los tres años que llevo en el puesto he ayudado a que la empresa crezca mucho dentro del área, sin embargo, mi sueño es establecer mi propia compañía, ser mi jefa ya no tener que trabajar para nadie, no es que en Technological Prestige me hayan tratado mal, al contrario, desde el primer día me sentí valorada profesionalmente.

Saludo a todos a mi paso hasta entrar en el ascensor, me observo en el espejo que hay en el mismo mientras pienso en que todavía soy joven y quizás algún día tenga tiempo para el amor o quizás nunca lo tenga, pero por ahora necesito alcanzar mi última meta, aunque en realidad será el inicio de un nuevo viaje que me mantendrá centrada y ocupada por mucho tiempo. El ascensor se detiene al llegar a mi piso respiro profundo antes de salir, sabiendo perfectamente que mi asistente únicamente espera a que ponga un pie fuera del elevador para atacarme con la agenda y los miles de compromisos, aunque de ser sincera no recuerdo tener ninguno por ahora.

―Buenos días, señorita Jiménez ―saluda cortésmente como cada día, aunque eso es solo antes del café―. El señor Santiago desea verla en su oficina antes del almuerzo y para hoy solo tiene un compromiso a las tres de la tarde con el señor Freites ―informa sorprendiéndome por uno y recordándome del otro, Esteban Santiago es el dueño de esta empresa, un hombre exquisitamente maravilloso que desde hace mucho casi que vive suplicándome porque me convierta en la esposa de su rebelde hijo, pero como siempre le aclaro que por el momento no me interesan las relaciones amorosas de ningún tipo, me pregunto para qué querrá verme.

Por otra parte, el señor Freites es un reconocido empresario el cual está interesado en conocer nuestro producto, por supuestos esas reuniones son tediosas y fastidiosas, el primer comentario es que no se esperaban que la CEO fuese una mujer y mucho menos pueden creer que además de inteligente sea tan bonita, luego tratan de seducirme hasta que me harto y dejo los puntos sobre la mesa, soy una profesional y me gusta que me traten como tal.

―Gracias, Andrea ―contesto al tiempo que tomo asiento en mi cómodo sillón detrás del escritorio―, necesito que revisemos el plan estratégico del próximo semestre, quizás se me haya escapado algo ―tal vez mi trato con el equipo de trabajo sea algo fuera de lo común, pero prefiero que mis subalternos me vean como alguien fuerte y accesible en el plano laboral a que me teman y señalen como despiadada y egocéntrica, de hecho esta estrategia de trabajo me ha funcionado todo este tiempo, por lo mismo continuo en el puesto.

Soy de las personas que piensa que un líder debe ser una persona cercana a sus grupos de trabajo, de ese modo se obtiene un mejor equilibro para enfrentar los retos y los desafíos de un entorno como este que cada día se vuelve más cambiante y competitivo. No es nada fácil ni sencillo dirigir una empresa que no te pertenece, sobre mis hombros llevo una responsabilidad muy pesada que gracias a mi metodología de trabajo he podido aligerar.

―Está bien, pero primero tomate este cafecito ―coloca una taza de humeante café, sabe que no me gusta mucho por lo que siempre me le coloca crema y mucho azúcar.

―Gracias, y cuéntame que tal el fin de semana ―pregunto, no solo soy la jefa directa de Andrea, también nos hemos hecho amigas.

Las horas de la mañana se nos van conversando de todo un poco al tiempo que no detenemos el trabajo, Andrea es una excelente asistente, amable, inteligente, lista y muy despierta, agradezco tenerla a mi lado y espero ser de mucha ayuda para ella en su desarrollo profesional. A pesar de que no he pensado mucho sobre el motivo que pueda tener el señor Santiago para verme, me siento intrigada, no es común que él se encuentre en su empresa, por lo general viene una vez al mes a la presentación mensual del balance de la empresa.

―Creo que es hora de ir con el jefe ―comento acomodando varios documentos sobre la pequeña mesa de juntas de mi oficina.

―Si, a ver si ya te decides a casarte con su hijo y te haces cargo definitivamente, te aseguro que todos los empleados estaríamos más que satisfecho de que te mantuvieras en el cargo por siempre ―dice.

―Ya conoces mi postura, no es mi sueño ser una empleada toda la vida, quiero dirigir mi propia compañía ―pone los ojos en blanco―. Eres muy egoísta y por eso ahora te toca ocuparte de todo esto ―alzo la ceja al tiempo que le señalo las carpetas y papeles que continúan sobre la mesa.

―Creo que no te has enterado, pero ese es mi trabajo, cariño ―replica.

―Me caes mal, a veces siento que es hora de buscarme una nueva asistente, pero después recuerdo el drama que harás y se me pasa ―digo y salgo de la oficina sin darle oportunidad de responder.

Me rio mentalmente imaginando lo que debe de estar pensando Andrea, ella sabe que nunca la cambiaría por nadie más, de hecho le he propuesto muchas veces irse conmigo una vez inicie mi propio negocio, pero comprendo que tiene mucho que pensar, no es fácil dejar un lugar donde estás estable por aventurar de la noche a la mañana en algo nuevo. Mi proyecto es totalmente diferente a lo que llevo trabajando durante todo este tiempo, aunque en cierto modo va de la mano con la innovación tecnológica, así que es posible que establezca una relación comercial con el señor Santiago.

Las puertas dobles de la oficina del señor Santiago lucen imponentes delante de mí, respiro profundamente antes de erguirme por completo, dejando a relieve mi estatura completa antes de tocar y entrar una vez tengo la autorización. La oficina es simple y elegante, con líneas rectas en todas sus superficies y con colores neutros, mi jefe es símbolo total de la elegancia hecha hombre, además de que es muy educado y decente, tiene una esposa espléndida y un hijo que a decir verdad es una vergüenza para él, no se interesa en los negocios ni ayuda a su familia en nada, se la vive gastando el dinero de sus padres en mujeres y fiestas, pero a fin de cuenta ese no es mi problema.

―Querida, ven pasa ―me saluda con cariño como siempre.

Le devuelvo el gesto en el mismo tono dulzón y me dispongo a escuchar lo que tiene para decirme, de verdad deseo de todo corazón que no se trate del mismo tema de siempre, no soy una santa para hacer el milagro de que su hijo al fin madure.

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