(…)
Al encontrarme en mi habitación me senté en la cama para sacar aquel anillo de su escondite, solo servía para recordarme lo miserable que era. Me sentía tan culpable por no haber tenido el valor de entregarlo mucho antes, por haber escondido lo nuestro, por no haberle dicho cuanto la amaba.
—Entonces ustedes —levante mi mirada encontrando a Vicenzo en la puerta —Ya lo imaginaba.
—Quería pedirle que se casara conmigo —solté en un susurro esforzándome par no volver a llorar—Pero nunca pude h