(…)
Me gire en la cama esperando encontrar la mejor posición para descansar, al escuchar una risita suave abrí los ojos encontrando la silueta de Hela sentada en la cama, al otro extremos de la habitación.
—¿Ale?¡Hela! —estuve a punto de encender la lámpara, pero sentí como tomo mi mano para impedirlo —¿Pero…?
—Alessandro —susurro, llevando su mano a mi mejilla, cerré los ojos al sentir su toque frio —Mi Alessandro.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —tome su mano llevándola a mis labios para