Un sentimiento de incomodidad cruzó la mente de Hazel, y rápidamente alcanzó la manija de la puerta del coche, pero el conductor ya la había cerrado con seguro.
—Señorita Queen, no se apresure a irse. ¿Acaso nunca quiso saber quién soy? Bueno, hoy tiene su oportunidad. Vamos a charlar tranquilamente.
La mano de Hazel se metió en el bolso, agarrando el pasador de pelo que su madre solía llevar siempre. Desde que lo encontró, Hazel lo había conservado consigo.
Originalmente era un recuerdo, pero