Quería que me sonriera a mí, como lo solía sonreírle a Nieve. Envidiaba más a Nieve, porque había crecido como una princesa. Debido a la sensación de culpa, papá y mamá siempre cumplían sus caprichos, aunque a veces sus acciones me lastimaban demasiado.
De vez en cuando pensaba que, qué bien si fuera yo quien hubiera sufrido el accidente. Ese había sido mi deseo desde pequeña. Nieve, por eso, me odiaba, sintiendo que fui yo quien le robó sus piernas.
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Ellos revisaron atentamente la grabación