52. Furia.

— ¿Pero qué coño? – la expresión de Jacques me impresiona, su voz temblorosa hace que mis alarmas se enciendan, pero no me suelta.

— ¡Jacques, necesito respirar! – me remuevo incómoda entre sus brazos, giro la cabeza para ver el rostro del hombre más aterrador que he podido conocer.

— Si hijo, déjala respirar y permite que tu padre la vea – afloja

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