XXXVIII

—Pero, es tarde él ya debería estar aquí ¿no lo crees? – observa a Kevin con ojos llorosos y expresión de miedo — ¿Está bien, cierto? No está en peligro ¿verdad? – llora en silencio y Harold llama su atención tocando el codo femenino, su rostro se arruga al verlo y se acuna en el pecho del hombre buscando consuelo.

—¡Tranquila preciosa, ya vendrá! – la ap

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