~Ava
La alarma de mi teléfono sonó a las seis y media, igual que todas las mañanas, ese estúpido sonido de pájaro chirriante que descargué en primer año porque pensé que era lindo.
Ahora solo me dan ganas de lanzar el maldito aparato al otro lado de la habitación. Lo silencié de un manotazo y me quedé ahí mirando el techo, las luces de hadas todavía encendidas de anoche, parpadeando como si estuvieran en el chiste.
Mi boca sabía a sangre y a sueño. Me arrastré para levantarme, pies golpeando la