~Kol
La empujé hacia atrás con más fuerza de la que pretendía. Sus hombros golpearon la estantería; un trapeador cayó al suelo y la sorpresa en sus ojos me sacó de la niebla.
—No —raspé, la voz destrozada—. No voy a hacer esto.
No esperé su respuesta. Cinturón a medio desabrochar, camisa arrugada, salí corriendo. Pasé la señal de salida parpadeante, bajé la escalera de dos en dos, salí por la puerta lateral a la fría noche de Baltimore.
El aire de octubre me abofeteó despierto. Los pulmones me