—Martha
Adrian está desparramado en el sofá, un brazo colgando sobre el respaldo, piernas estiradas como si fuera dueño del mundo.
Lleva una camiseta negra, mangas ajustadas alrededor de sus bíceps, jeans descoloridos en los muslos.
Estoy acurrucada en el sillón frente a él, rodillas recogidas, intentando concentrarme en la película, una tonta película de acción con explosiones y cero trama.
Mi corazón ha estado martilleando desde que llegué aquí, hace media hora, invitada a pasar el rato mient