Comer comida grasosa y refrescos era malo para mi cuerpo, pero muy bueno para mi alma. Me trajo un sabor a adolescencia, a charla con amigos, a una época en la que la única obligación era ser feliz. ¿Y por qué ya no era mi obligación ser feliz hoy? Solo tenía 26 años. Nunca era tarde para buscar la felicidad. Y se me metió en la cabeza que mi felicidad era Nicolás. Pero tal vez no lo fue. Mi felicidad no tiene que estar en otra persona... Podría estar en mí mismo.
Eduardo fue divertido. Mientra