Lara
El mutismo reina en el salón ahora mismo.
La sospecha, el escepticismo y la desconfianza protagonizan el ambiente mientras todos nos observamos con expresiones mezcladas y respiraciones pesadas.
Entonces el chico de los ojos verdes, el tal Shenen, enfoca la mirada hacia Kul y sonríe, malicioso.
—Te conozco bien —dice, irónico—. Eres la sabia vidente, conocedora de las artes prohibidas. La vidente admirada por la nobleza y por los plebeyos de la manada real Luna Carmesí. Te he estado estudiando. Has estado obsesionada con el rey Killiam desde hace mucho tiempo. Pero ese no es el gran secreto que guardas.
El silencio es absoluto y el pasmo nos ha embargado a todos los presentes.
—Te observé a la distancia —continúa—. Todo el tiempo que estuve espiando en esa manada, te vi por las noches. Cuando desaparecías por el bosque, cruzabas los límites y llegabas a una cabaña que no estaba muy lejos de las fronteras de la manada. Y allí te encontrabas con alguien a quien he perseguido desde