“Eso es lo que pensaba.” Retiró su mano, llevó sus dedos brillantes a la boca y los chupó hasta dejarlos limpios con un gemido sucio.
Empezó a caminar hacia atrás con ella fuera de la cocina, con los ojos fijos en los de ella.
“Me pongo tan duro imaginando lo apretada que te vas a sentir en mi polla cuando por fin entre dentro. ¿Alguna vez te tocas pensando en mí?”
Su espalda chocó contra la escalera. “No”, espetó ella.
“Mentirosa”. Escupió él, con esa sonrisa arrogante.
Los pezones de Jane est