Detrás de mí, sentí a Jade acercarse. Su mano se posó en mi cintura, ligera y deliberada. Me estremecí, pero no me alejé. Su palma estaba cálida a través de la tela delgada, los dedos enroscándose lentamente, posesivamente, hasta que me jalaba hacia atrás, lejos de la puerta, con cuidado.
No la detuve.
Tragué saliva con dificultad. "Te dije que te mantuvieras alejada."
"Lo intenté," murmuró contra el borde de mi oreja.
"Nosotras…" La palabra se quebró en mi garganta, sin querer.
Sus labios roza