“Bueno, al menos te diste cuenta”, dije, con un rubor subiendo desde detrás de mis orejas hasta mis mejillas.Él gruñó, antes de azotarme el culo con ambas manos, apretando. “Consentida”.Me estremecí, sintiéndome tanto excitada como derrotada.Sus manos fueron inmediatamente a mis muslos, subiendo bajo mi falda, pero yo agarré sus muñecas, sujetándolas a los reposabrazos y aunque él podría liberarse si quisiera, no se atrevió.“Eres una cosita feroz”, dijo, con la voz áspera de lujuria.Me incliné hacia él para besarlo mejor, más profundo, mi lengua dominando esta vez, explorando su boca, frotándome contra su polla, la fricción a través de sus pantalones sacando gemidos de mi boca.“Mmm”, tarareé, moviendo mis caderas con más fuerza contra él.“¿Quieres esta polla, Hannah?” murmuró, sus labios rozando mi lengua. “Suplícala”.Jadeé, necesitada y exaltada por la forma en que sus palabras me hacían sentir pero,“No, que te jodan”, le respondí, con la voz gruesa de necesidad, mi coño con
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