Los días pasaron y Kerem permitió que su madre y Elif organizaran los preparativos para la boda a su antojo.
Por fuera, fingía una actitud resignada y obediente, pero por dentro, su mente maquinaba una sorpresa que estaba seguro no sería agradable para ellas. Se lo merecían, después de todo, por las humillaciones y manipulaciones a las que lo habían sometido.
—Muy bien, hijo mío —exclamó Neylan con falsa dulzura mientras inspeccionaba los arreglos florales—Veo que finalmente has entrado en raz