Mehmet salió de la mansión con una enorme sonrisa de satisfacción en los labios, saboreando el caos que había desatado con su inesperada aparición. No podía creer su buena fortuna cuando sus hombres le informaron que habían encontrado a Zeynep y Kerem gracias a la publicación imprudente de una fotografía de la novia vestida de blanco.
—La modista fue una tonta al compartir esa imagen —murmuró Mehmet mientras se dirigía a su automóvil, con sus ojos brillando con malicia— pero su descuido ha sido