Elyn contempló en silencio la superficie de la mesa de madera, que poco a poco se iba enfriando.
Las palabras de Dave al pronunciar su nombre completo, Berlyn Nicolette, resonaron como el golpe de un martillo judicial dictando sentencia sobre su libertad.
Seis meses.
Aquella cifra se sintió de repente como una pesada cadena de hierro que volvía a enredarse alrededor de su cuello, arrastrándola nuevamente hacia el lodazal del que había intentado escapar con todas sus fuerzas.
Una opresión insopo