Los destellos de las lámparas de cristal en la sala principal de juntas de Apex Holdings reflejaban una tensión que aumentaba con cada segundo marcado por el reloj de pared.
Aquella mañana, la atmósfera en el último piso del rascacielos era tan densa que parecía que el oxígeno hubiera sido consumido por completo por la ambición y las intrigas corporativas.
Todos los miembros del consejo de administración, los comisarios y los principales accionistas ocupaban ya sus asientos, formando un círculo