La noche avanzaba inexorablemente, devorando las últimas horas de las veinticuatro que le quedaban a Dave Moreno y sumiéndolas en una oscuridad cada vez más profunda.
El silencio de su despacho privado se rompió de repente cuando el teléfono especial que reposaba sobre una pila de documentos comenzó a vibrar. Dave lo tomó de inmediato y se lo llevó al oído sin perder ni un segundo.
—¡Señor! ¡Lo hemos conseguido! —exclamó Yuda al otro lado de la línea.
Su voz estaba cargada de alivio, pero tambi